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MISA AFRICANA

A día de hoy, África es uno de los mayores escenarios religiosos del mundo y especialmente devoto del cristianismo. En Kenia, más del 80% de la población es cristiana y, aunque en algunos países las diferencias religiosas han sido escenario de conflictos, en la mayor parte del país hay una convivencia pacífica entre religiones.

Sin embargo, la libertad de culto que se profesa suele tornarse intolerante únicamente con los no creyentes. Está muy mal visto decir abiertamente que se es ateo o agnóstico . Da igual que seas cristiano, musulmán o animista. La cuestión es que creas en algo.

La misa africana es participativa y se asemeja más a una sesión de un grupo de apoyo. Todos se presentan, todos cuentan sus problemas y todos cantan con una entrega propia de un concurso de talentos. Y cantan mejor que muchos de ellos, además.

La misa suele durar dos horas: los primeros 30 minutos se reservan a la catequesis de los más jóvenes a los que hay que “empezar a inculcarles los valores cristianos desde pequeños y hacerles participativos para que tomen la costumbre de venir a la misa”. Durante la siguiente hora la música es la protagonista absoluta. Las canciones locales se entremezclan con rezos y plegarias y con la música, se puede vislumbrar el éxtasis en algunos de los entregados rostros. El sentirse dentro de un grupo les da una sensación de pertenencia a un colectivo y les hace desconectar de su sufrimiento. La última media hora está reservada a la lectura de pasajes bíblicos, en los que el entusiasmo del pastor se contagia rápidamente entre los asistentes. Mucho baile, mucha complicidad y mucha música son las señas de la misa africana.